Ahora más que nunca es necesario estar agrupadas, juntas pero más que eso hermanadas, entrar en esta cultura de sororidad pues significa que somos hermanas de causa, por el solo hecho de ser mujeres, ser camaradas, estar dispuestas a la ayuda, en la que no cabe ningún sentimiento negativo como la envidia, la competencia encarnizada o la rivalidad.

Justamente ésta cultura de la sororidad busca romper ese viejo mito de que "mujeres juntas ni difuntas" que pensamos y sentimos que ha sido un mito para mantener separadas a las mujeres.

Estamos en una situación crítica y si no nos agrupamos en una hermandad de género con el objetivo de buscar el crecimiento de todas y como consecuencia de la sociedad en general, no lograremos nuestros objetivos.

Veámonos como hermanas, sintamos el dolor de cada una de la mujer pobre del Africa, de la violencia que sufre la rica, la pobre, de la que pierde la vida en un aborto clandestino, de quien es maltratada psicológicamente y en silencio, de la que fue abandonada por un hombre que no la ama, de la que no tiene recursos para mantener a sus hijos, etc., etc. de tantas amenazas en las que nos encontramos por el solo hecho de ser mujeres en un mundo masculinizado.

No nos abandonemos más, no lloremos solas, no veamos rivales en donde podría estar una hermana, porque eso somos ahora una hermandad sororal.

Como sostiene Marcela Lagarde, feminista y antropóloga mexicana: “La alianza de las mujeres en el compromiso es tan importante como la lucha contra otros fenómenos de la opresión y por crear espacios en que las mujeres puedan desplegar nuevas posibilidades de vida”.


En este contexto surge el concepto de sororidad, el cual se refiere a una nueva experiencia práctica intelectual y política entre mujeres que pretende materializarse en acciones específicas.

La palabra sororidad se deriva de la hermandad entre mujeres, el percibirse como iguales que pueden aliarse, compartir y, sobre todo, cambiar su realidad debido a que todas, de diversas maneras, hemos experimentado la opresión.

De acuerdo con Marcela Lagarde, en un texto sobre cultura feminista, las francesas, como Gisele Halimi, llaman a esta nueva relación entre las mujeres sororité, del latín sor, cuyo significado es hermana. Las italianas dicen sororitá, y las feminista de habla inglesa la llaman sisterhood.

Sin embargo, la acepción para esos vocablos es la misma: “amistad entre mujeres diferentes y pares, cómplices que se proponen trabajar, crear y convencer, que se encuentran y reconocen en el feminismo, para vivir la vida con un sentido profundamente libertario”, según palabras de Lagarde.

Asimismo, explica que la sororidad comprende la amistad entre quienes han sido creadas en el mundo patriarcal como enemigas, es decir las mujeres, y entendiendo como mundo patriarcal el dominio de lo masculino, de los hombres y de las instituciones que reproducen dicho orden.

Agrega que la sororidad está basada en una relación de amistad, pues en las amigas las mujeres encontramos a una mujer de la cual aprendemos y a la que también podemos enseñar, es decir, a una persona a quien se acompaña y con quien se construye.

Habla también de que en esta relación, unas son el espejo de las otras, lo que permite a las mujeres reconocerse “a través de la mirada y la escucha, de la crítica y el afecto, de la creación, de la experiencia” de otras mujeres. Por ello, afirma que en la sororidad se encuentra la posibilidad de eliminar la idea de enemistad histórica entre mujeres.

De esta forma, el feminismo propone que este concepto vaya más allá de la solidaridad. La diferencia radica en que la solidaridad tiene que ver con un intercambio que mantiene las condiciones como están; mientras que la sororidad, tiene implícita la modificación de las relaciones entre mujeres.

En resumidas cuentas, la sororidad se traduce en hermandad, confianza, fidelidad, apoyo y reconocimiento entre mujeres para construir un mundo diferente; percatarse que desde tiempos antiguos hay mujeres que trabajan para lograr relaciones sociales favorables para ellas y para nosotras, recordando siempre que todas somos diversas y diferentes.

Fuente: Mónica Pérez